Otras terapias

 

 

Acuaterapia y Watsu

El agua nos atrae desde siempre por su aspecto educativo, lúdico y formativo, pero en los últimos años se está poniendo en alza su valor terapéutico. Teniendo en cuenta estás y otras características del agua desde hace un tiempo distintos fisioterapeutas se han especializado en la actividad acuática para trasladar los tratamientos desde la camilla convencional a la camilla tridimensional que nos ofrece el agua de la piscina.

Nuestra terapia acuática, está basada en el Watsu y en diversos métodos fisioterapéuticos utilizando el juego en el agua para el logro de objetivos sin apenas esfuerzo por parte del niño. El tratamiento en el agua es muy diferente al que se realiza en tierra porque aprovechamos los principios hidrostáticos del medio para conseguir los objetivos con el mínimo esfuerzo.

Esta terapia  es beneficiosa porque incide en el desarrollo integral del niño tanto a nivel psicomotor, cognoscitivo como socio-afectivo por ello va dirigida a bebes/niños prematuros o que hayan sufrido alguna lesión durante el embarazo o el parto,  también con: alteraciones psicomotrices, dificultades de aprendizaje, bloqueos emocionales, inhibición, hiperactividad o déficit de atención, alteraciones de conducta, etc. Además es una ayuda muy beneficiosa, para los niños con grandes disfunciones, tales como: Parálisis cerebral,  S. de Down, S. de Apert, Autismo, etc..

La fisioterapia acuática no sólo es una medida terapéutica, sino que es recomendable para todos los niños desde los 4 meses, ya que contribuye al desarrollo general del mismo, potenciando el vínculo materno/paterno y fomentando la relación afectiva y social del niño con los padres y con el resto de niños.

La terapia acuática se aplica teniendo en cuenta la relación y la experiencia previa del niño en el agua y los condicionantes propios de cada patología. Las sesiones son individuales uniendo  Watsu y Fisioterapia Acuática en aquellos casos en los objetivos específicos del tratamiento así lo requieran.

WATSU es una técnica acuática de trabajo corporal de efecto profundo y de gran potencial terapéutico. Este proceso es realizado en agua caliente a 35ºC, en el que el terapeuta a través de técnicas específicas, conduce a un completo estado de relax. WATSU ha sido elegido “SPA tratament of the year”, Al Baccarat Asia SPA Awards en el Año 2005.

Fue creado en los inicios de los años 80 por el terapeuta corporal y maestro de Zen Shiatsu Harold Dull, que transportó sus conocimientos a las aguas calientes de las piscinas de Harbin Hot SPrings, en California. A través de sus experiencias de más de 15 años, descubrió que los alargamientos y movimientos del Shiatsu eran particularmente eficaces en el agua, originando así el WATSU.

Pueden disfrutar del WATSU niños, jóvenes, adultos, ancianos y muy recomendado en mujeres gestantes. El WATSU ayuda también en los casos de deficiencia física, depresión, ansiedad, insomnio, estrés, dolores musculares, tensiones agudas y crónicas, Parkinson y Fibromialgia.

El cuerpo será sostenido en posición horizontal, siempre sustentado por el terapeuta, que realzará movimientos de rotación e inclinación, con balanceos suaves y armónicos, estiramientos y presiones. La alternancia de movimientos y momentos de “simple flotación” favorecen el relajamiento muscular, desbloquean puntos de tensiones físicas, mentales y energéticas.

El WATSU proporciona mejorías para quienes presentan dolores generalizados, agudos o crónicos, desórdenes relacionados con estrés o ansiedad. Los pacientes con patologías neurológicas, Parkinson o Fibromialgia, aprecian una notable mejoría en su tono muscular, en el sistema sensorial, la coordinación motora y la integración de los reflejos tónicos; estimula las reacciones de equilibrio, mejora la movilidad y la estabilidad.

Hipoterapia

Con el término Hipoterapia (procedente del griego “Hippos”, caballo), se denomina la alternativa terapéutica basada en la utilización del movimiento multidimensional del caballo para el tratamiento de diferentes afecciones físicas y mentales.

Los primeros datos contrastados nos llegan de 1875, año en el que el neurólogo francés Chassiagnac descubrió que un caballo en movimiento mejora el equilibrio, el movimiento articular y el control muscular de los pacientes. Experimentó con esta idea y concluyó que montar a caballo mejoraba el estado de ánimo y que era particularmente beneficioso para los parapléjicos y pacientes con trastornos neurológicos.

Es en el único tratamiento por medio del cual el paciente está expuesto a movimientos de vaivén que son enormemente similares a los que realiza el cuerpo humano al caminar. Esto supone que el paciente no se enfrenta pasivamente al movimiento, sino que se ve obligado a reaccionar frente a una serie de estímulos producidos por el trote del caballo. Debe adaptarse y responder frente múltiples y diferentes sensaciones.

Se produce así una reacción que no es sólo muscular sino también sensorial. Afecta a todo el cuerpo del paciente, quien experimenta una mejoría global.

A nivel físico la hipoterapia ha demostrado ser capaz de mejorar el equilibrio y la movilidad, de ahí la utilización con pacientes que sufren diferentes parálisis. Pero actúa también en otros planos como el de la comunicación y del comportamiento.

En general, con esta terapia se han observado:

– Efectos fisiológicos: aumento de la capacidad de percepción de estímulos, al encontrarse en una situación de movimiento.

– Efectos psíquicos: se estimula la atención, la concentración y la motivación frente a otros movimientos. Es fundamental el aumento de la autoestima y de la seguridad en uno mismo.

– Efectos físicos: el caballo tiene una temperatura corporal y un volumen muy superiores al hombre, lo que conlleva una importante transmisión de calor y solidez al ser abrazado y tocado por un niño.

El movimiento del caballo tiene además la gran ventaja de ofrecer una enorme variedad de ritmos cadenciales, lo que supone la posibilidad, desde el punto de vista terapéutico, de graduar el nivel de sensaciones que el paciente recibe.

El caballo al trote transmite al jinete un total de 110 movimientos diferentes por minuto, en consecuencia no hay ni un solo músculo ni zona corporal, desde el coxis hasta la cabeza, al que no se transmita un estímulo. Todo ello en conjunto, produce que el enfermo pueda ser capaz de experimentar sensaciones que nunca antes ha vivido.

Pero si hay un punto diferenciador, que influye muy notablemente en la obtención de resultados positivos, es que la hipoterapia es asumida por el paciente como una diversión. Se desarrolla al aire libre, pudiendo disfrutar de cuanto le rodea, no en un lugar cerrado lleno de máquinas que en cierta medida pueden suponer una amenaza para el enfermo. Montar a caballo es una terapia, pero es también una diversión y sólo explotando correctamente ambas vertientes se conseguirán los mejores resultados.

Por todo ello, esta terapia ha demostrado su eficacia en personas con problemas de todo tipo: Esclerosis múltiple, Parálisis cerebral, Autismo, Síndrome de Down, Espina Bífida, Traumatismos cerebrales, Enfermedades neurodegenerativas, traumatológicas, Anorexia, Bulimia, Afecciones crónicas., Minusvalías de cualquier tipo (físicas, sensoriales y/o psíquicas), Problemas de comportamiento, Incapacidad intelectual, Diversas inadaptaciones sociales (drogadicción, delincuencia…) y, por supuesto, otras muchas afecciones invalidantes.

El hecho de montar un caballo, rompe el aislamiento de la persona con respecto al mundo, poniendo al enfermo en igualdad de condiciones con respecto al jinete sano. No cabe duda que montando se consigue superar el temor, mejorar la confianza y la capacidad de concentración; al tiempo que hace perder las tensiones e inhibiciones físicas y emocionales. Esto hace que la hipoterapia resulte efectiva no sólo con enfermos, sino también con personas que presentan problemas de inadaptación social.

Todo ello se consigue gracias a que el caballo ha demostrado ser un animal enormemente perceptivo, de inmediato se dará cuenta de que la persona es diferente a los demás y por ello se comportará de forma diferente a como lo haría con cualquier otro jinete.

Son muchos los buenos resultados conseguidos y llenan de esperanza, pero no podemos pensar que se trata de una “cura milagrosa”. La hipoterapia está considerada como un tratamiento alternativo, pero también complementario a los que se utilizan habitualmente. Se ha demostrado que con él se pueden obtener nuevos estímulos complementarios a los conseguidos con tratamientos tradicionales.

El primer paso de las sesiones de hipoterapia será establecer una relación entre el paciente y el animal. Esta fase inicial es de suma importancia, ya que con ella debe generarse el necesario clima de confianza entre ambos. Si el paciente no confía en el caballo, no podrá estar relajado sobre él y en consecuencia la terapia será ineficaz.

En estos primeros contactos el paciente deberá acercarse al caballo, acariciarle, darle de comer… es muy importante que se produzca el contacto físico para que la persona tome conciencia del volumen del animal, de su cuerpo.

Debemos tener claro que el objetivo de la hipoterapia nunca es que el paciente aprenda a montar, simplemente deberá colocarse sobre el caballo, acompañado en todo momento por el fisioterapeuta quien vigilará que se adopten las posiciones que faciliten la circulación sanguínea, mejoren el equilibrio y el sentido espacial.

El paciente deberá ser colocado en la cruz del caballo, lugar donde la columna del animal es más alta (donde el cuello se une con la espalda), en este punto se reciben los movimientos de los músculos anteriores y posteriores, que son los que provocarán el estímulo.

Las formas de asentarse el paciente sobre el caballo pueden ser diversas, dependiendo del tipo de estimulación que se necesite en cada caso (incluso se montará hacia atrás).

Las primeras sesiones tendrán una duración que irá desde los 15 hasta los 30 minutos, dos o tres veces por semana. A medida que el paciente va mejorando, estos tiempos se irán ampliando, llegando a sesiones de una hora.

Antes de montar a caballo, el paciente realizará una sesión de calentamiento en el gimnasio, que preparará a los músculos y articulaciones para el siguiente ejercicio físico. También después de montar se pasará por el gimnasio, esta vez con el objetivo de obtener una correcta relajación muscular.

Cuando un nuevo paciente acude a un centro para recibir hipoterapia, los pasos a seguir serán los siguientes: Realización de una evaluación por parte del personal sanitario, quien analizará el grado de afección, determinando su el paciente puede o no montar a caballo. Se estudiarán los posibles efectos secundarios, estableciendo en consecuencia un plan de prevención. En función de las características de la persona, se desarrollará un plan de trabajo, en el que se planteará qué caballo le conviene así como el programa a realizar por sesiones. Es función del terapeuta mantenerse totalmente atento a las respuestas dadas por el paciente en función de los movimientos del caballo, ajustándolos para obtener los mejores resultados.

Musicoterapia

La música tiene la capacidad de motivar e involucrar a las personas a nivel físico, cognitivo, social y emocional. Para las personas que presentan algún tipo de discapacidad, especialmente aquellas que presentan elevadas limitaciones a nivel físico y psíquico, la musicoterapia ofrece un marco motivador adecuado para reforzar las habilidades sociales y focalizar la atención, aportando un medio que facilita el mantenimiento o la mejora de la movilidad, mientras que contribuye a un estado positivo a nivel emocional (Abercrombie, 2013).

Recientemente, (2015) la Academia de Ciencias de Nueva York ha publicado un monográfico sobre la importancia de la música en la rehabilitación cerebral, en el desarrollo y en el tratamiento de alteraciones neuronales. La música es considerada un lenguaje dirigido fundamentalmente a comunicar, evocar e incluso reforzar emociones. En dicho monográfico, numerosos expertos mundiales en la materia, hacen un recorrido por los beneficios y posibilidades que tiene la música en el ámbito de las ciencias de la salud. Dicen los expertos, que las enfermedades neurológicas provocan en los afectados, importantes discapacidades que repercuten, directamente en la vida socio-laboral y familiar del paciente. Por lo que requieren cuidados específicos para llevar a cabo un proceso de rehabilitación. Entre estos cuidados se encuentra el uso de la musicoterapia.

Según expone Stephan Koelch en dicho monográfico, la música puede ser empleada como terapia para reducir el dolor, las preocupaciones y la ansiedad. Así, determinadas actuaciones que evocan emociones a través de la música, podrían ser el punto inicial de futuras terapias musicales. Koelch afirma que, gracias a ella es posible regular emociones y estados de ánimo de los pacientes por la reactualización de momentos vividos anteriormente (evocación).

Por su parte Vuilleumier y Trost sugieren en su trabajo que, la música activa dos regiones cerebrales, la emocional y la motivacional. Dicha interrelación cerebral hace que sea mucho más sencillo obtener beneficios psíquicos de los tratamientos a través de la misma. Ello es así, pues esta doble activación, mejora nuestra aptitud y actitud ante los problemas. En este sentido, la musicoterapia está adquiriendo una gran importancia, al tiempo que está despertando un gran interés a nivel científico y médico. Esto es debido a la aplicabilidad que presenta frente a una amplia diversidad de problemas de salud humana de orden psicoanalítico aliviando ciertas dolencias corporales. Pues la salud emocional es fundamental para el ser humano.

La musicoterapia neurológica (NMT) consiste en la aplicación de forma terapéutica de la misma en aquellas personas que padezcan alguna enfermedad neurológica. La música y las actividades relacionadas, son utilizadas como herramientas para lograr una serie de resultados de índole no musical, pero que se mantienen en el tiempo, como pueden ser la estimulación y/o rehabilitación cognitiva, del lenguaje, motriz y sensorial. La música se utiliza para trabajar sobre dificultades comunicativas, socioemocionales y académicas de las personas con discapacidad, con el objetivo de recuperar al máximo el nivel de independencia y funcionalidad del paciente promoviendo la motivación y el bienestar de éste a través de la música (Hernández Ruano, 2011)

La música se usa para estimular y mejorar la conciencia de su cuerpo, de los potenciales de escuchar, ver y tocar, de su terapeuta, del medio y de la relación entre la creación del sonido y el sonido que oyen. Cuando pacientes con trastorno del desarrollo experimentan la estimulación y aprenden cómo iniciar y motivarse ellos mediante la estimulación de hacer música, sus potenciales aumentan y desarrollan mayor compromiso con el mundo exterior y la gente que hay en él.

La música proporciona una forma de comunicación no verbal “sin procesar”, donde el terapeuta emplea elementos de la música para crear intencionalidad comunicativa, significados compartidos, mediante el desarrollo de un repertorio de acontecimientos compartidos que tienen significado y contexto para terapeuta y paciente. El sutil y hábil desarrollo de la capacidad de los pacientes para tocar en la interacción musical lleva a obtener capacidad de elección, iniciativa, espontaneidad, independencia musical, confianza, autoestima mejorada y creatividad. La musicoterapia ofrece un medio creativo para desarrollar potenciales, particularmente porque hacer música es una experiencia increíblemente motivadora (Wigram, Pedersen & Blonde, 2005).

El ejercicio de la creatividad, la creación, están al alcance de todos los individuos, las experiencias musicales no dependen necesariamente de la calidad de la música ni del nivel de ejecución; sino más bien de la posibilidad de expresión, de las fantasías y asociaciones que están presentes en la persona. Esto puede ser desvelado a través de la creación musical del sujeto, y de la capacidad del terapeuta de escuchar esta particular organización subjetiva por medio de la experiencia; del vínculo que se forma “de tú a tú”, persona a persona.

Los objetivos terapéuticos generales de la musicoterapia neurológica los podemos dividir teniendo en cuenta cuatro áreas distintas:  Área físico-motriz, Área cognitiva, Área del habla y del lenguaje y Área socioemocional (Web de MTN de Barcelona).

-Mejorar la calidad de vida y la extensión del mvto.

-Promover la relajación y reducir estrés.

-Reforzar la estimulación sensorial.

-Mejorar la coordinación.

-Mejorar la calidad de la marcha

-Mejorar la retención de la información.

-Mejorar la orientación.

-Mejorar la atención sostenida, dividida, alternada y selectiva.

-Mejorar la atención ejecutiva.

-Estimular la memoria y la motivación.

-Mejorar las habilidades verbales.

-Estimular la función respiratoria.

-Mejorar las habilidades comunicativas

-Mejorar la autoestima

-Promover la¡ interacción social.

-Fomentar la independencia.

-Reintegrar el estilo de vida llevado anteriormente tanto como sea posible.

Para obetener estos objetivos, el musicoterapeuta trabajaría dentro de un equipo multidisciplinar. Trabajaría guiado por otros profesionales: fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, logopeda,… según qué necesidades tiene el paciente, cuales son sus objetivos a conseguir. Una vez hecho esto, enfocaría estos ejercicios desde lo musical, contando siempre con la participación del paciente en la elección de la música: canciones de la biografía sonora del paciente o creadas por él. Música en directo, creando un vínculo persona a persona, que es mucho más profundo que la música grabada. El paciente, siempre que sea posible, participa activamente en las sesiones, desde el ejercicio y lo musical.

Por otro lado, el musicoterapeuta puede trabajar solo, siempre y cuando los objetivos sean a nivel emocional como pueden ser su motivación, estado de ánimo o adaptación a la situación actual. De este modo, se utilizan técnicas como: la improvisación (la creación de música en el momento), la interpretación (tocar o cantar música ya compuesta, perteneciente a la biografía sonora del paciente), la composición (el acto de crear música o letras de canciones para, puede ser, su posterior interpretación), y la audición (tocada en directo) Bruscia (1998).

Las sesiones se plantearían una o dos veces por semana, individual o grupal, siempre y cuando los miembros del grupo no sean más de 6 y con similares características.

         La estructura del tratamiento:

1. Recogida de datos e información: Realizaremos una entrevista con los padres y el paciente y confeccionamos la historia clínica y musical (historia sonora).

2. Exploración. Usaremos las sesiones iniciales para observar al paciente, sus capacidades, recursos y necesidades, así como la relación que resulta entre el paciente y el terapeuta.

3. Objetivos. En función de lo observado en las primeras sesiones, y según las necesidades que presenta el paciente, realizamos los objetivos específicos para trabajarlos durante el proceso.

4. Planificación del tratamiento. Establecemos las etapas del proceso, desarrollamos la estructura de las sesiones (caldeamiento, desarrollo y cierre), estructuramos el setting (instrumentos, zonas y materiales específicos a utilizar) y escogemos la metodología que vamos a utilizar (técnicas activas y receptivas).

5. Evaluación y seguimiento. Realizaremos unas hojas de seguimiento diario, ayudándonos de las grabaciones en video de las sesiones y de las entrevistas periódicas con el resto de profesionales que forman el equipo (profesores, psicólogos, etc) y los padres y familiares de los pacientes.

6. Fin del tratamiento. Informe final con la descripción de todo el proceso terapéutico.

Hay que tener en cuenta que como todo proceso terapéutico, se necesita de un tiempo para poder provocar cambios en la persona que asiste a musicoterapia. No podemos predecir en cuántas sesiones se va a conseguir tal o cual cosa, pero sí que es cierto que desde la primera o segunda sesión se muestran diferencias, ya que la persona encuentra un espacio terapéutico diferente en donde poder proyectar, comunicar y expresar diversos estados de ánimo mediante un elemento intermediario como es la música.

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